Por Alejandro Carrera y Alejandro Marchionna Faré

Alejandro Carrera y Alejandro Marchionna FaréMientras en Europa se debate la inclusión del cupo femenino en los directorios y se crean comisiones de expertos en gobierno corporativo para trabajar en su mejora y en cómo remunerar a sus miembros; mientras en Chile se transparentan las remuneraciones de los directores y se elabora un manual de mejores prácticas con criterio de bien común; mientras en Estados Unidos se estudian y proponen sistemas de autoevaluación de los directorios como un camino hacia su mejora, en nuestro país proponemos y votamos leyes para promover supuestas buenas prácticas en el directorio que encierran dentro de ellas, como un verdadero caballo de Troya y espada de Damocles, la posibilidad fáctica de la intervención sin argumentos sólidos y fuera del ámbito de la justicia de los órganos de gobierno corporativo (directorios) para las empresas de capital abierto.  Claramente, en términos de gobierno corporativo, hemos extraviado el rumbo.

La referencia a estas historias de la cultura griega intenta reflejar cómo coinciden en una misma circunstancia histórica en nuestro país, ese conocido episodio de la guerra entre griegos y troyanos, y la experiencia vivida por Damocles. Esta circunstancia histórica es la que viven hoy todas las empresas que cotizan en las Bolsas de Valores de la Argentina.

El editorial de Joaquín Morales Solá del domingo 19 de mayo es el fiel reflejo de la historia de Damocles. El caballo de Troya ya fue votado con éxito para irrumpir en el gobierno corporativo de las empresas cotizantes.

Seamos conscientes de que el marco regulatorio actual y la amenaza de su uso por el Gobierno Nacional hacen que estemos lejos de promover el buen gobierno corporativo en las empresas argentinas de capital abierto.