Por Alejandro Carrera y Alejandro Marchionna Faré

Alejandro Carrera y Alejandro MarchionnaEs indudable que 2014 llegó con grandes desafíos para los directorios de las empresas. La devaluación del peso y la aceleración de la inflación presentan algunas dificultades para trazar los horizontes para los meses que siguen. Quizá, los ojos de los directores se alejen peligrosamente del largo plazo y empiecen a colocar todas sus energías en el día a día que, en la Argentina de hoy, es tan dinámico como impredecible. En este contexto, y no sin sorpresas, presidentes y CEOs están ganando las tapas de los diarios y los afiches para los escraches, las empresas son acusadas de comportamientos antisociales, igual que sus líderes.

¿Le cabe al directorio algún rol en estas circunstancias? ¿Por qué debería jugar un papel central en estos momentos? Si la única verdad es la realidad, la percepción es un elemento importante para definir cuál es la verdad. El directorio es, inesperadamente, un recurso clave para mantener alertas las antenas de la empresa y definir su perfil de exposición en estos momentos. Sin embargo, hay que advertir que existe el riesgo de que el directorio perciba que el problema es exclusivo de la empresa y no un tema de bien común.

Ante cualquier crisis, es frecuente que las empresas reaccionen en caliente con un moderado contenido de análisis y reflexión. Sin embargo, tiempos de crisis como la actual requieren, más que nunca, pensar con cuidado sobre las consecuencias a largo plazo de las decisiones que se toman. El directorio de una empresa suele constituir el foro más adecuado para mirar el futuro con el prisma de todo plazo que puede funcionar en forma incompleta en las reuniones de gerentes.

Los afortunados que aún no creen ver los síntomas o el impacto en sus empresas, deben planear para la crisis. Los desafortunados que ya han visto consecuencias en sus empresas, que hoy somos casi todos en la Argentina, deben planear en la crisis. Nuevamente, el directorio es un ámbito colegiado propicio para reflexionar y no convalidar las acciones originadas en simples reflejos.

Todo directorio debería constituir la instancia en la que la empresa se cuestione sus más íntimas presunciones sobre la evolución de la realidad de la crisis. ¿Qué está en este momento en su etapa más seminal? ¿A qué aspectos del entorno habría que prestarle particular atención? ¿Cómo percibir los signos de una verdad que están entremezclados con otros y de los cuales no se ha visto hasta el momento su impacto futuro que será necesariamente amplificado, pantográfico?

Ya que a nuestro alrededor la realidad nos muestra que puede darnos muchas sorpresas, la empresa que siga actuando sobre la base de su capacidad de predecir el futuro corre un  riesgo serio de equivocarse y hasta de desaparecer. Un buen directorio es un instrumento central en estas condiciones para plantear escenarios posibles.

Pero, ¿a qué se puede llamar un buen directorio?

–          Un grupo con perspectivas diferentes generadas por la diversidad de experiencias y formaciones.

–          Individuos con la independencia necesaria para cuestionar las hipótesis de base de accionistas y gerentes.

–          Directores con conciencia de su responsabilidad personal en el cumplimiento de su rol en la dirección de la empresa.

–          Profesionales con los conocimientos adecuados para ejercer su función formal de control y prevención.

Ese buen directorio, si lo tiene, será un recurso al que las empresas de cualquier tamaño y origen podrán recurrir como a una fuente inacabable de perspectivas e ideas con las que será más fácil superar la crisis actual.

Lejos de ver a la crisis desde una perspectiva apocalíptica o exclusivamente negativa, desde la Cátedra consideramos que representa una excelente oportunidad para abrir un espacio a la formación personal, que terminará derivando en un sostenido aporte de valor al directorio en particular y a la empresa en general.

Por eso, renovamos completamente nuestra propuesta formativa y lanzamos el Programa de Gestión de Directorios (PGD), que comenzará en julio y que tendrá 8 jornadas diseñadas para profundizar, de un modo integral, todos los aspectos que son necesarios para que un directorio le agregue valor a su compañía. Y, para no descuidar la formación del director como persona, iniciaremos el Programa de Formación de Directores (PFD), que comenzará en octubre y que se desarrollará en 6 jornadas. Además, tendremos la tercera edición de Directorio para no directores, que será a mitad de mayo, para todos aquellos que quieran profundizar más sobre qué es, para qué es y cómo debe funcionar un directorio.

En definitiva, la crisis va a generarle una alta exigencia al directorio, que deberá elevar su mirada más allá del ámbito de la empresa. En la Argentina, pretenden poner en entredicho el rol de la empresa como institución social y del empresario/directivo como líder social; situaciones ambas que socavan aún más la confianza en la sociedad. Es hora de que los órganos de gobierno de las empresas, es decir sus directorios, asuman el rol activo que sin duda les compete.