El martes pasado el presidente del Directorio de una cotizante sintió la necesidad de compartir con los directores una serie de temas urgentes derivados de la cuarentena que el gobierno impuso y luego prorrogó.

Habíamos tenido una reunión común ya citada previamente de Directorio para tratar temas formales. Ahí se constató que el Zoom funcionaba bien y era aprovechado por la mayoría de los directorios – un rango de edad que varía entre 32 y 75. Pero en esa primera reunión ya aparecieron algunos directores sin cara y sobre el final casi todos aislábamos el silencio para no perturbar a quien hablaba.

Habría que aclarar que en febrero se había renovado el directorio, sólo nos habíamos conocido personalmente en una reunión cargada de formalidades.

El presidente convocó a una reunión de emergencia por mail y obtuvo aceptación unánime en pocos minutos. El proceso normal podría haber llevado varios días.

Comenzó la reunión y terminó según lo especificado. 

La temática era densa, los números complicados para entender. El tono de la reunión se había mantenido profesional y analítico andando ya por los 25 minutos, pero no habiendo llegado todavía a la mitad del tiempo previsto de 1 hora.

De pronto comienza el análisis del primer punto crítico. El presidente sólo expone posibles alternativas de acción. Uno de los directores muy nuevos toma una actitud un poco catedrática. Salvo el presidente, los demás directores tenían su cámara y su micrófono en OFF. La única cara visible apenas pudo contener su impaciencia, pero no fue el primero en reaccionar. Un director no independiente con algunos años en el Directorio de la empresa y muy buenas y prácticas capacidades analíticas encendió su cámara y micrófono e hizo una crítica muy fuerte de la posición enunciada por el director muy nuevo en particular como poco realista dada la historia reciente de la empresa. Éste no había desconectado todavía su micrófono y por lo tanto todos pudimos oir sus bufidos y ensayos de protesta.

Antes de que el no independiente hubiera terminado, interrumpe el otro no independiente muy muy nuevo en el Directorio encendiendo cámara y micrófono, mientras su colega desconecta inmediatatemente cámara y sonido. Un poco acalorado expone su posición que usa exactamente la misma argumentación del director catedrático con un tono menos agresivo y dando pie a potenciales argumentaciones en contra.

Con muchos años en el Directorio como independiente, se me ocurre hacer una síntesis que explique la posición del grupo que ya se percibía como mayoritario entre los directores. El presidente registra un voto informal y efectivamente hay cuatro votos a favor (presidente, no dependiente con experiencia, independiente con algunas semanas en el Directorio y yo). En contra se alinean el independiente catedrático, el no independiente muy muy nuevo y un cuarto independiente.

En ese momento en forma simultánea varios directores encienden cámara y micrófono y piden la palabra. El presidente identifica el semblante más exasperado del caos de caras que podría ver en la pantalla de su laptop. Le da prioridad para que hable. El independiente de tono catedrático tira entonces una bomba. “O se baja esta propuesta o vamos a Comité de Auditoría”. El timing de las decisiones y operaciones no lo permitía…

Quizás convendría aclarar que así como tengo una relación personal previa con el independiente con algunas semanas en el Directorio, existe también una relación entre el no independiente muy muy nuevo y el cuarto independiente.

Propongo al lector del newsletter, los siguientes desafíos:

  • ¿Hubiera cambiado reglas de participación por Zoom antes de la reunión? ¿Cuáles?
  • ¿Cambiaría reglas de participación por Zoom al llegar a ese punto de la reunión?
  • ¿Cómo cree que debería actuar el presidente para cerrar con éxito la reunión virtual?

Mándenme sus respuestas al blog o por mail a la Cátedra.

En la próxima edición comentaremos el input que nos den y también qué pasó en realidad así como una síntesis de mis charlas con el presidente.