Alejandro Rosa
Por Alejandro Javier Rosa

En los últimos meses ha surgido una fuerte corriente de opinión cuestionando desde un punto de vista ético ciertas acciones o decisiones de corporaciones, aún admitiéndose que las mismas puedan ser totalmente legales.
Un caso muy claro son los cuestionamientos que están recibiendo empresas emblemáticas como Apple, Facebook o Amazon en los Estados Unidos debido a la utilización de sociedades subsidiarias en jurisdicciones de baja tributación con el fin de alivianar su carga tributaria consolidada.

Estos cuestionamientos no se circunscriben solamente a investigaciones periodísticas o informes de entidades de defensa de los consumidores, sino que han llegado al propio Congreso de los Estados Unidos, en el cual se ha formado una comisión de legisladores para investigar el tema. Esta comisión ya ha llamado a declarar a varios ejecutivos de estas empresas y, en el marco de esas sesiones les consultan directamente si a pesar de que sus esquemas de planificación tributaria pudiesen ser legales, ellos consideran que su actuación como ejecutivos y directores de estas empresas no constituye un comportamiento reñido con la ética empresarial.

Se plantea así un interesante y difícil dilema. Aquel que indica que no siempre lo legal es sinónimo de ético. La percepción de si un comportamiento es o no es ético depende de un consenso social que puede ir variando a través del tiempo. Es normal que la legislación también vaya variando con el correr del tiempo para alinearse con la visión de la sociedad y de quienes la conducen, pero se da también que existan descalces entre ambas visiones (la legal y la ética) ya sea porque las leyes no evolucionan lo suficientemente rápido o por los denominados “vacíos legales”.

¿Por qué nos parece interesante en reparar en este tema como parte de nuestra columna mensual? Fundamentalmente porque como directores de empresas tenemos que estar atentos a que al evaluar los riesgos y beneficios de una decisión empresaria no tenemos que limitarnos a analizarla desde el punto de vista legal, sino también si la misma podría o no ser cuestionada desde el punto de vista ético por parte de los grupos de interés de nuestra empresa. Y este es un proceso aún más difícil dado que requiere ver el tema desde distintas perspectivas.

Si no hiciéramos este análisis podríamos estar arriesgando la reputación de nuestra empresa e inclusive de nosotros mismos como hombres de negocio. Y como alguien dijo alguna vez la reputación tarda años en ser construida y algunos minutos en dilapidarse.